¿Educación para matarle el indio al mapuche?
Por Marcela Villarroel, desde Boston EE.UU / 08 de julio de 2003
La notoriedad alcanzada por los Franciscos
Huenchumilla y Huaiquipán y por Ximena Huillipán no
significa que el país esté interactuando sanamente
con su principal minoría étnica, ya que persiste el
afán de chilenizar a los mapuches desde que pisan
por primera vez la escuela
María Huenchuleo, dirigenta mapuche que se encuentra en Europa
participando en un Congreso Indígena y lectora del Gran Valparaiso,
solicitó mi reflexión como columnista que trabaja
el tema de la Educación, acerca del vínculo -existente
o no- entre educación y minorías étnicas en
Chile. He de reconocer que lo que expondré enseguida pasa
inevitablemente por el cedazo de mis patrones culturales, valóricos
y de conducta. Pero me exculpo al recordar que las percepciones
no tienen un rango inferior al de la realidad, sino distinto.
Si echamos un rápido vistazo al acontecer nacional apreciamos
que la presencia de nuestras minorías étnicas se hace
ver por medio de manifestaciones de grupos mapuche que intentan
recuperar tierras en el sur de Chile, y en la notoriedad aislada
de ciertas personas que pertenecen a estas etnias.
Del Sr. Ministro Secretario General de la Presidencia, Francisco
Huenchumilla*, se ha dicho que pasará a la historia por ser
quien más lejos ha llegado dentro de las minorías
étnicas; Ximena Huillipán es una adolescente que destaca
como modelo; el futbolista Huaiquipán juega en un destacado
club, y otro joven modelo pascuense saca suspiros a sus teleadictas
en un programa de televisión. Todos ellos son catalogados
como exitosos en sus respectivos campos de trabajo.
Con esta superficial panorámica quisiera ejemplificar dos
situaciones que definen la dinámica social de la interacción
entre las minorías étnicas y huincas, que refleja
lo que acontece en la cultura escolar. Las personas anteriormente
mencionadas representarían lo que en Sociología Educacional
se denomina Asimilacionistas, y son definidos como aquellas
personas que adquieren valores y pautas de comportamiento de la
cultura cuantitativamente mayor, Huinca; aquella que económica
y políticamente domina por sobre el grupo social de origen
(en este caso Mapuche o Rapa Nui).
Digno de análisis es que cada una de las áreas en
que estas personas han destacado existen sólo en el mundo
Huinca. La política, el modelaje y el fútbol han sido
muy bien asimilados por ellos/a y han destacado haciendo
lo que la cultura de origen no siente como propio. Del otro lado,
quienes intentan recuperar tierras en el Sur, luchan por una causa
propia de su grupo de origen, y no son declarados por los Huincas
como exitosos. Se confrontan con la ley Huinca y hasta
con el organismo estatal que los representaría, o al menos
intentaría representar sus propias inquietudes, como es CONADI,
y además sufren la sanción legal huinca ante sus actos.
Si nos adentramos en las aulas, la situación de descontextualización
que actualmente viven los escolares provenientes de diferentes minorías
étnicas no difiere cualitativamente de la de otros grupos
sociales minoritarios. Los niños mapuches, Rapa Nui o Aymaras
acceden al mundo escolar tan desprovistos de nexos con la cultura
escolar, como los niños huincas que vienen de zonas urbanas
de extrema pobreza. La escuela acoge al alumno con un dispositivo
pedagógico que produce y reproduce la cultura dominante (Huinca)
y transforma o sublima las culturas minoritarias, sean étnicas
o no.
ASIMILACIÓN NO, INTERACCION SÍ
Para enfrentar
este nuevo mundo, el escolar considerado exitoso es
aquel que asimila la nueva realidad cultural haciéndola
propia sin cuestionarla. Esta opción de acomodación
cultural generalmente cobra un precio emocional alto, pues el escolar
tiende a rechazar sus raíces, no en la forma más burda,
que es a través de su discurso oral, sino, a través
de su comportamiento para con los suyos. Esta conducta del niño
escolarizado también provoca en el grupo ancestral
un rechazo.
También puede haber quienes frente a la nueva realidad mantienen
su identidad étnica, mientras al mismo tiempo adoptan algunas
de las conductas de la sociedad que es vista como dominante.
Estas personas pueden ser rechazadas en el mundo escolar de sus
pares por mantener fidelidad a sus valores culturales, pero al ser
acogidos en un hogar en que se cultivan con orgullo tales tradiciones,
generalmente el escolar logra asimilar aquellos valores de la nueva
cultura que le permiten sobrevivir en ésta lengua,
códigos numéricos, códigos afectivos- y a su
vez expande su cultura original con selectivos aportes de la nueva,
que le dan un punto de vista crítico frente a ambas. Crea
así una simbiosis que le aporta a su crecimiento intelectual,
emocional, sexual y espiritual. Esta simbiosis es aceptada por la
cultura de origen, y no siempre por la cultura adquirida, aun cuando
enriquece el desarrollo humano en ambos grupos sociales.
En adelante trataré de explicar cómo la modificación
del discurso pedagógico puede facilitar más que la
integración, la interacción entre culturas. Varias
de las iniciativas escolares que actualmente están vigentes
tienden a integrar, lo que involucra que el escolar
asimile la nueva cultura sin cuestionarla, pero en gran
parte aún está ausente la interacción,
que a diferencia de lo anterior involucra diálogo y cuestionamiento.
En Chile a pesar de varias reformas educacionales, la escolarización
continúa alejando a las minorías étnicas de
su realidad. No me refiero a las buenas iniciativas que han surgido
para escolarizar a homogéneos grupos de minorías étnicas,
sino a los cientos de niños provenientes de minorías
étnicas distribuidos a lo largo de todo Chile que se escolarizan
en escuelas huincas rurales o urbanas sin un programa ad hoc a su
realidad sociocultural.
Aún cuando hay iniciativas que ayudadas por la discriminación
positiva tienden a facilitar el camino educacional a las minorías
étnicas beca indígena otorgada por el Ministerio
de Educación, por ejemplo-, lo que se logra es que quienes
han sido educados, asimilen la nueva cultura
a tal punto que quienes logran destacar en la cultura adquirida,
finalmente sirven a ésta y no a su cultura ancestral. De
alguna manera, entonces, la cultura huinca se sirve
del apellido, o en el caso de Ximena, de rasgos faciales autóctonos
en un famélico cuerpo de metro ochenta nada representativo
de las mujeres mapuches. Ello colabora indirectamente a que la cultura
huinca se beneficie del logo de integracionista.
La interacción cultural aún no es tal en nuestro país.
Si así fuera, la respuesta positiva a la siguiente pregunta,
lo confirmaría ¿existe algo del aporte desde la cultura
de origen del Ministro Huenchumilla o Ximena que sea acogido en
sus respectivos ámbitos laborales?. El discurso pedagógico
tradicional produce y reproduce la cultura dominante y reprime o
transforma las otras culturas, sean provenientes de minorías
étnicas o no.
Un buen docente es quien acoge el discurso de los educandos. En
el curso de la actual Reforma Educacional chilena se ha avanzado
bastante con la introducción de programas como P-900, que
trabaja en escuelas con población escolar de extrema pobreza.
En tales comunidades escolares se procura acoger el discurso y la
cultura del educando y se uti za éste como discurso regulativo
para introducir conceptos en el discurso instruccional, todo esto
ha facilitado enormemente la integración cultural. Pero,
si queremos ser una sociedad que camina hacia la igualdad de oportunidades,
debemos avanzar en las escuelas del país, desde la integración,
hacia la interacción cultural.
Para lograr esto, se requiere que el profesor no sólo acoja
la cultura de las minorías a objeto de utilizarlas como vehículo
pedagógico, sino, que rescate estas culturas para hacerlas
protagonistas del discurso instruccional, como lo ha sido desde
centurias atrás la cultura huinca. Tanto la cultura huinca
como la de las minorías pueden ser protagonistas del aprendizaje
en las escuelas del país.
Esto, por cierto, no es tarea sólo del profesor dentro del
aula, es tarea también de todos quienes formamos parte de
la comunidad educativa, como padres o madres. Podríamos partir
por cosas tan domésticas como pensar dos veces antes de excusarnos
ante un exabrupto con un !disculpa, se me salió el
indio! o reprender a nuestros hijos/as cuando no quieren besar
a la tía catete, con un ¡no se me ponga huasito,
mijito!. ¿Cierto, María?.
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