Flora Collonao, comunidad Temulemu
Madre coraje
Flora Collonao no alcanzó a terminar sus estudios primarios, pero conoce muy bien sus derechos. Señala tener clara además la injusticia que estarían cometiendo las autoridades contra sus "niños", como llama cariñosamente a los ya veinteañeros Rafael y Pascual. Especialmente duro le ha tocado a esta mujer mapuche en los últimos años. Mientras su hijo Pascual permaneció clandestino, poco y casi nada supo de él, a lo más breves recados y mensajes llegaban a sus manos por parte de terceros que le aseguraban que se encontraba "en lugar seguro".
Por Pedro CAYUQUEO y Wladimir PAINEMAL - Periódico Azkintuwe / Lunes 20 de Febrero de 2006
GULUMAPU / "Hace dos años que no tenía comunicación con él, siempre me llegaban mensajes a través de otras personas, que me decían "está bien su hijo", "esté tranquila", pero yo no sabía si estaba bien, pensaba muchas cosas, si tal vez le había pasado algo, si quizás le habían encerrado, si tal vez le habían muerto y me decían todo eso para que estuviera tranquila. De los nervios no podía comer, tomaba la cuchara y me ponía a llorar pensando en mi hijo". Las palabras de la lamngen Flora Collonao grafican la otra cara de un conflicto en donde los mapuche parecieran ser siempre los agresores y pocas veces las víctimas, tal como se descubre al adentrarse en cualquier empobrecida zona rural de La Araucanía.
Nos encontramos en la comunidad Antonio Ñiripil, ubicada en el emblemático sector de Temulemu, a unos 15 kilómetros al oeste de la ciudad de Traiguén y epicentro de la lucha que comunidades emprendieron, a fines de los noventa, contra la expansión de la industria maderera. Compuesta por 90 familias campesinas, la comunidad registra elevados índices de pobreza y desempleo. Afectados por la falta de agua -consecuencia directa de la actividad forestal, según denuncian-, pacientemente deben esperar además, día tras día, que un camión municipal los provea del vital elemento para subsistir. Si a esto le sumamos el magro resultado de las últimas cosechas de trigo, sustento básico de las familias, podemos aventurar que Temulemu no pasa por sus mejores días.
Familia emblemática de esta comunidad es la compuesta por el matrimonio Pichún-Collonao y sus seis hijos, a quienes se suma casi media docena de nietos y nietas. No todos ellos se encuentran hoy viviendo en la comunidad. El padre y lonko del sector, Pascual Pichún Paillalao (53 años), cumple condena desde hace tres años en la cárcel pública de Traiguén, acusado por el gobierno de "amenaza terrorista" contra del latifundista local, Juan Agustín Figueroa. Rafael Pichún Collonao, de 25 años, acompaña a su padre en prisión, condenado este último a 5 años de reclusión por la supuesta participación que habría tenido en un "incendio" que redujo a escombros un camión del mismo Agustín Figueroa, un ex ministro de estado, hasta hace poco miembro del Tribunal Constitucional de la República e influyente jurista.
A ellos se suma Pascual Pichún Collonao, de 23 años, condenado junto a su hermano Rafael en enero de 2003, y quien ante lo arbitrario del procesamiento que los afectó, escapó de la justicia chilena, solicitando finalmente -en diciembre del año pasado y de manera sorpresiva- refugio político ante las autoridades de la República Argentina. Dos años debió permanecer clandestino, huyendo de la policía y sin poder establecer contacto directo con su familia. En el ínter tanto, su comunidad era violentamente allanada en promedio dos veces por semana. Esto, los doce meses del año, de manera casi ininterrumpida, por parte de agentes policiales -"armados hasta los dientes"- que intentaban inútilmente dar con su paradero, así como con el de otros dirigentes mapuches perseguidos por los tribunales de la IX región.
"Donde estemos hay que luchar"
"Una semana nos allanaba Carabineros y la otra era la Policía de Investigaciones, se turnaban para venir a molestarnos, a cualquier hora, nos trataban peor que animales", nos relata la lamngen Flora, madre de Rafael y Pascual, y quien se ha transformado en todo un ejemplo de coraje y valor para muchos y muchas en ésta y otras zonas del Wallmapu. La acompaña muy de cerca Juan Pichún, el mayor de sus hijos y quien reemplaza al lonko Pascual no solo en las cotidianas labores hogareñas, sino también en la conducción política y cultural de la golpeada comunidad a la que pertenecen. Flora defiende a brazo partido la inocencia de sus hijos y culpa a las autoridades de haberse "ensañado" con la comunidad y su familia, "todo por haber levantado la voz por nuestro legítimo derechos y haber echado a la forestal Mininco de nuestra tierras", nos dice, enrabiada.
Flora no alcanzó a terminar sus estudios primarios, pero conoce muy bien sus derechos. Señala tener clara además la injusticia que estarían cometiendo las autoridades contra sus "niños", como llama cariñosamente a los ya veinteañeros Rafael y Pascual, ambos condenados en la ciudad de Angol tras un juicio plagado de irregularidades y oscuros pasajes, los mismos que hoy evalúa la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA en Washington. Especialmente duro le ha tocado a esta mujer mapuche en los últimos años. Mientras Pascual permaneció clandestino, poco y casi nada supo de él, a lo más breves recados y mensajes llegaban a sus manos por parte de terceros que le aseguraban que su hijo se encontraba bien y "en lugar seguro". "No se preocupe, él está bien", le decían, palabras que por cierto no resultaban suficientes para calmar su preocupación de madre.
"Yo pase un tiempo muy enferma, me daban los nervios... preguntaba dónde estaba mi hijo, por qué no me dejaban verlo, visitarlo... y más me enfermaba. Imagínese, tenía a mi marido preso, mi otro hijo cayó preso también y Pascual no sabía donde estaba, me preguntaba si comerá, si dormirá bien, si no estará enfermo... todo eso pasaba por mi cabeza, día y noche, no podía estar tranquila nunca, pensaba miles de cosas y lloraba mucho también", relata. De allí su alegría al enterarse, en noviembre pasado, que su hijo había permanecido clandestino en Argentina y que las autoridades de dicho país habían aceptado acoger a tramitación una solicitud de asilo presentada por abogados a su favor. Todo ello, ante el Comité de Elegibilidad para el Estatuto de los Refugiados (Cepare), dependiente de la Cancillería .
"Un día mi hijo Juan me dijo. "Voy a viajar a Buenos Aires ñaña, porque vamos a pedir que le den refugio a tu hijo Pascual", ahí recién supe donde estaba y me sentí más tranquila, porque me contaron que estaba bien, me pasaron fotos que se había tomado, me contaron que había gente que lo cuidaba y que la justicia argentina podía estar a su favor... ahí me vino nuevamente el alma al cuerpo, como que descanse de todo ese tiempo malo que pasé, pensando cosas, soñando también... Gracias a dios después pude tener comunicación con él, hemos hablado por teléfono dos veces, ha llamado a sus hermanas también, hemos hablado harto, me ha contado que está bien, que quiere estudiar en la universidad. Yo le dije que ojalá todo salga bien para él y que chao nguenechen lo acompañe siempre", nos dice.
No solo Flora se sorprendería con la buena nueva de la solicitud de refugio. La noticia, según nos confidencia, también habría quebrado al en apariencia duro lonko Pascual. "Yo le lleve con Juan la noticia, pasamos a la cárcel un día que veníamos de regreso de Temuco y le mostramos la fotos de su hijo, también las noticias que habían y se emocionó mucho. Hasta unas lágrimas votó mi viejo al ver a su hijo, que estaba bien, gordito, alegre se veía en la foto... cuando recién nosotros lo habíamos dejado de ver, el estaba delgado, muy flaco y débil porque venia saliendo de una operación que le habían echo en el hospital, había estado muy enfermo, en Makehue y eso nos tenía muy preocupados... pero en la foto salía gordito y eso alegró mucho a mi viejo, que votó también su lágrima", cuenta Flora.
Con una mayor tranquilidad y confianza, Flora sueña por estos días con la posibilidad de cruzar la cordillera y reunirse con su hijo. En tierras trasandinas, Pascual posee el estatus de un peticionante de refugiado, lo que le permite transitar libremente por el país, recibir una mínima cobertura de salud por parte de ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados) y eventualmente, trabajar o estudiar alguna carrera u oficio. Según nos comenta su hermano Juan, la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo, atendiendo su caso, le habría concedido una beca para cursar estudios superiores en Buenos Aires. Por estos días, Pascual se encontraría rindiendo cursos de admisión, mientras espera con ansias el veredicto final del Secretariado del Cepare, encargado de evaluar la pertinencia de su solicitud de refugio político. Las novedades se esperan -a más tardar- para el mes de abril.
"Nuestro hermano necesita el apoyo de su gente, de las organizaciones mapuches, mientras más cartas y pronunciamientos puedan llegar al Cepare, será mejor para él, porque se entenderá que su caso no es aislado, qué efectivamente fue un prisionero político y que hoy es un luchador social perseguido por sus ideas, por defender una causa", nos dice Juan. "Pascual luchaba por todos los mapuches. Acá nosotros no luchamos solo por la familia, apoyamos siempre a todos los lamngen, de muchas comunidades y organizaciones, que nos visitaban, les decíamos: "lamngen, esta lucha es de todos, donde estemos hay que luchar"... por eso ahora yo les pido que apoyen a mi hijo, para que pueda quedarse en Argentina y estudiar y vivir tranquilo... eso le diría a la gente que nos conoce y sabe lo que hemos sufrido", finaliza Flora / Azkintuwe
CONTACTO
Comisión por el Refugio de Pascual Pichún Collonao E-mail: libertad_pascualpichun@yahoo.com.ar
Te: 09 - 6154903 (Traiguén) Te: 011 - 4307 5136 (Buenos Aires)
Cel: 0299 - 154 013 654 (Neuquén)